Fue el señor Romaldo
un hombre muy especial
y desde muy joven
aprendió a remendar.
Su oficio de zapatero
lo conoció a la perfección
no tenía maquinaria
solo la lezna y martillo
y con el hilo encebado
como nuevo te dejaba
todo tipo de calzado.
Desde muy niño fui
con zapatos arreglar
vivía junto al Molino
y había que madrugar
tenía mucho trabajo
y había que esperar.
Pasaba un rato alegre
con sus golpes e historietas
las paredes las tenía
con mujeres en pelota
enseñándote las tetas.
Era un hombre encantador
era todo alegría
y mientras allí estabas
la vista la concentrabas
en las fotos que allí había.
La historia que aquí describo
siempre que fui me contó
pues durante la guerra
un cura al Escobonal llegó
y estando en un discurso