Reproducción íntegra de la entrevista publicada por Bentheara
(Nº 2 Julio-1993)
En esta ocasión nos desplazamos hasta
El Hoyo para entrevistar a Dª Teodosia Sinforosa Díaz González,
más conocida como Sinforosa la del Hoyo.
Esta mujer que nació con el Siglo XX
(1900) nos dedicó unas horas de su tiempo para hablarnos de su vida
y de su trabajo. Porque, si algo ha hecho esta mujer en su vida es trabajar
mucho y con gran esfuerzo. Trabajar para no pasar hambre y para sacar
a su familia adelante.
Si algo hay que admirar de Dª Sinforosa
es que, todavía hoy, a sus 93 años, sigue teniendo voluntad
para seguir cogiendo hierba y realizando trabajos de la casa.
- Yo estuve más de 20 años viviendo en El Pinal y hacía
de todo: Juntaba moñigos,
esparcía el guano, iba a buscar leña, cargaba
agua desde los barrancos cerca del Chifira….
Fui muchas veces al Charco de la Tosca a lavar. También iba
caminando desde El Porís con una cesta sobre la cabeza hasta el
Lomo de los Pinos.
- ¿Y sus padres, a qué se dedicaban?
- Mi padre estuvo emigrado tres veces a Cuba. Aquí trabajaba
en el correo, e iba andando por todo el Camino Real hasta Güimar para
llevarlo. Esto lo hacía por la noche, y por el día, me acuerdo
que iba con el padre de Juan Caliborno a surcar la tierra para plantar
la papas, cayéndose de sueño y apenas sin fuerzas porque
prácticamente no comíamos.
Teníamos cuatro papas de grelo y gofio. Ibamos al molino
de Aldea, pero muchas veces no teníamos dinero para la molienda.
- ¿Cuántos eran en la familia y cómo fue su infancia?
- Eramos siete hermanos, pero algunos se murieron. Se llamaban:
Domingo, Pepe, Adela, Juan, Sinforosa, otro Domingo y Efigenia.
La más pequeña, Efigenia, se murió cuando contaba
con 16 años. Fue una de las veces que mi padre vino de Cuba. Ella
se metió en el tanque a sacar agua, cogió un espasmo y se
murió.
Nos criamos descalzos y desnudos. Comiendo higos morriños
que barríamos con tomillo y que restregábamos contra las
piedras vivas para que se les cayeran los picos. Después nos los
comíamos con cáscara y todo, ya que en el interior no había
prácticamente nada.
Los caldos los hacíamos sin aceite, con un poquito de gofio.
No había ni arroz ni fideos, y a veces teníamos media cucharada
de aceite.
Llevábamos dos cucharadas de gofio en un papel e íbamos
a buscar higos soplones para mojarlos en el gofio.
Vivíamos en una cueva pequeña, con todos mis hermanos.
Allí teníamos todo: Dormitorio y cocina. Era bastante pequeño.
Recuerdo de segar y arar con dos burros. Yo también
araba la tierra. La verdad, si miro ahora para atrás no se de donde
sacaba las fuerzas, porque era un trabajo muy pesado y apenas comíamos.
Las primeras papas que planté fue a Manuel Cruz. Yo me
preguntaba cuando sería una mujer, para ir a plantar papas, pues
el trabajo de los niños era echar el guano y el de los mayores,
plantar papas.
Ibamos a coger papas con una burrit. La cargábamos y la llevávamos
desde El Chifira hasta El Roque, que era por donde se sembraban las papas.
- ¿Cuando se casó, siguió viviendo en el mismo
sitio?
- Cuando me casé, me vine a vivir al Hoyo. Me casé
con 23 años y tuve tres hijos, qué fueron criados con mucho
sacrificio. Recuerdo que compraba una perra de galletas, me ponía
una en la boca y no me la comía porque sabía que tenía
luego que dársela a mis hijos.
Me casé con un velo prestado que valía medio duro,
pero que yo por aquel entonces no lo tenía. Y con una bata que costaba
una peseta. Recuerdo que Genaro Esquivel me la dejó fiada.
Estuve todo el día echando guano para ganar media peseta,
padeciendo el frío y la escarcha.
A veces me ponía tierra seca en las heridas de los pies para
tapar la sangre que salía de ellos.
Cuando tuve algún dinero compré una manta de algodón,
una colcha y una pieza de lana. Cada una costaba siete pesetas. Ahorré
seis pesetas para que me transportaran un ropero desde Santa Cruz y depués
no me lo querían cobrar, pero yo lo tenía ahorrado para eso
y se lo pagué.
También al casarme compré cuatro sillas y me dijeron
que me las cobraban a medio duro. Las dejé en reserva y poco después
fue otra mujer por allí que también las quería, diciendo
que ella pagaba tres pesetas por cada una. Pero la que las vendía
era un persona de palabra y me las guardó para mi, aunque yo le
pagaba menos dinero.
Recuerdo que también me hicieron una mesa de noche y un lavamanos.
- ¿Y que ocurrió cuando llegó la Guerra Civil Española?
- Nosotros íbamos todos los años para El Pinal en
la época de marzo, abril.. pero en esa época nos fuimos todo
el tiempo para arriba porque la Falage venía con pistolas a registrar
todo y nos tiraban todas las noches de la cama al suelo. Me fui huyendo
también del hambre, que en esa época se pasó mucha.
- ¿Quiere contarnos alguna anécdota más que recuerde?
- Sí. Me acuerdo de mi primer paseo, que lo di cuando era
chiquitita, con Leonor Cruz. Fuimos las dos para Arafo caminando, a visitar
a la familia de Leonor, y cuando llegamos al tunel de El Escobonal me dijo:
"Tápate la boca, que te da aire".
Cuando llegamos a Arafo, Leonor me compró tela para hacerme
un traje.
Otra vez me acuerdo que hubo un ciclón y salí con
un paraguas porque llovía mucho, pero el viento me lo destrozó
todo. El viento no me dejaba caminar, estaba muerta de hambre, iba sin
desayunarme, pero lo único que tenía era voluntad para seguir
adelante…
Fuente: Revista Bentheara. Núm.2, Julio
1993
Fasnia en la Red.
Agosto 2.001
|